El periodismo de Mariano José de Larra

Mariano José de Larra fue un eminente articulista del siglo XIX, con una gran claridad y vigor en su prosa. Tiene como precedentes a Quevedo, Feijoo, José Cadalso y Jovellanos. Aunque no compartió los postulados literarios del Romanticismo, su agitada vida y su muerte lo acercan a los ideales y modelos románticos. Es considerado un romántico rebelde y revolucionario que denunció, gracias a sus artículos periodísticos, los problemas sociales y políticos que tenía España en esa época. Su figura sería reivindicada, años más tarde, por los integrantes de la Generación del 98.

El periodismo comenzó a cobrar importancia en el siglo XVII, se utilizó como medio para difundir las ideas ilustradas. En ese momento se asienta el periodismo, gracias a personajes tan ilustres como Nipho, y pasó a ser un elemento de la vida diaria de los españoles. El periodismo del siglo XIX guarda estrecha relación con el movimiento literario del costumbrismo. Concretamente en la disciplina que estamos tratando surgieron los cuadros costumbristas, que alcanzó su apogeo con articulistas como Larra, Mesonero Romanos y Estébanez Calderón.

Larra, al igual que otros articulistas del momento, firmaba con un seudónimo en sus artículos, esta tendencia a las “máscaras” surge como un modo de ocultar la verdadera identidad. Sin embargo, el autor aparece constantemente en sus artículos, del mismo modo que algunos asuntos autobiográficos los utiliza en otras obras. Con el uso del seudónimo Larra entronca con la tradición periodística del siglo XVIII, y lo realmente interesante es el juego que establece en sus escritos con distintos nombres “apócrifos”, desdoblándose y oponiendo diversas perspectivas. El seudónimo más interesante es el de Fígaro de origen francés, relacionado con el personaje del Bonmarchais. Tiene cinco volúmenes escritos entre 1835 y 1837 recogidos en  Fígaro. Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres.

En cuanto a su estilo, tiene una concepción dinámica de la lengua que le lleva a acuñar palabras con frecuencia, busca renovar el instrumento lingüístico, y defiende la invención léxica siempre que el escritor lo considere necesario, así la lengua avanza y progresa. Utilizaba un léxico político intelectual y moral del periodo romántico,  usa términos como ‘patria’, ‘Estado’, ‘gobierno’, ‘administración’, ‘sistema’, ‘régimen’, etc. Vemos muchos términos en sus artículos que en ese momento no eran recogidos por la  RAE. Por tanto, desde el punto de vista político, Larra hace una gran aportación al vocabulario político romántico. En el artículo “Las palabras” hay toda una enumeración en cursiva, esto es porque son palabras nuevas o utilizadas con otros significados.

Comentario del artículo “La policía”

He decidido comentar “La policía” un artículo de Larra que, en mi opinión, trata temas muy actuales y que siguen vigentes en la actualidad. Podéis disponer de él en versión PDF en Internet o en la Biblioteca más cercana. Podemos ver en este texto dos partes diferenciadas, una dirigida hacia la censura, y otra dirigida hacia la policía. Para criticar estos dos elementos utiliza la ironía, es decir recurre a decir bondades y ventajas de estos elementos, mientras que quiere decir justo lo contrario. La censura, a pesar de haber disminuido con la muerte de Fernando VII y que permitió más libertad de expresión a los escritores románticos, seguía presente en la época. Cuando habla de la policía parece un elogio, sin embargo, sigue utilizando la ironía. Por ejemplo, para él la policía es herencia ‘legítima’ de los diez años de absolutismo, es decir, la policía es la misma que la que existía en la época de Fernando VII, esa policía que había asesinado y masacrado. Acaba diciendo que los ciudadanos aun tendrán que dar las gracias y pagar a la policía por espiarles, perseguirles, cohibirles, etc.

Viñeta actual sobre la policía.

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Como vemos, Larra denunciaba los problemas de la España del momento, que lamentablemente parece que vuelven, así lo vemos en la viñeta de arriba. Este artículo lo interpreto como una denuncia a la falta de libertad de expresión, primero por parte de la censura que oprimía a los intelectuales, y segundo por parte de la policía, que se encargaba de castigar y perseguir aquello que el Estado consideraba incorrecto. ¿Qué opináis vosotros? ¿Crees que los males que denunciaba Larra siguen vigentes en la actualidad?

Larra cumplió con una misión social y política muy importante, como periodista quiso dejar constancia de aquello que ocurría en el momento, él era consciente de que aquello que escribiese perduraría hasta nuestros días. Quizá su intención era alertar a la ciudadanía de los problemas del pasado para que no volviésemos a repetirlos. Larra fue un revolucionario que contribuyó en la política introduciendo nueva terminología, denunció aquello que la ciudadanía no tenía forma de expresar, en definitiva, hizo un gran trabajo como periodista, como voz de un pueblo mudo. Él vio en el periodismo una forma de ayudar al país y a la ciudadanía, quizá esto se haya perdido con la mass media. ¿Qué creéis vosotros? ¿Qué papel tienen los medios de comunicación en la actualidad? ¿Nos ayudan o nos perjudican? ¿Hay censura o libertad de expresión?

La visión de Luis Quiles a través de sus ilustraciones:

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Si queréis saber más sobre los medios de comunicación actuales podéis visitar:

https://palabrasenmascaradas.wordpress.com/2015/11/29/manuel-vazquez-montalban-y-su-manifiesto-subnormal/

La moneda en el suelo

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Ildefonso-Manuel Gil es un hombre importante y muy valorado de la literatura aragonesa: en 1992 recibió el Premio Aragón de las letras, en 1982 le concedieron la Medalla de Oro de Zaragoza, en 1996 se le nombró Aragonés de Honor y en 2000 recibió la Medalla de Honor de la Institución «Fernando el Católico». Pero no sólo fue reconocido en Aragón, también en el extranjero, por ejemplo, en 1993 se le entregó la Medalla de Santa Isabel de Portugal de la D.P.Z. De Ildefonso-Manuel Gil destaca su poesía calificada como pura y comprometida. Sus primeros libros de poemas son Borradores (1931) y La voz cálida (1934). Continuó su obra con Poemas del dolor antiguo (1945), Homenaje a Goya (1946), El tiempo recobrado (1950), El incurable (1957), Los Poemas del tiempo y del poema (1973) y Por no decir adiós (1999). El interés por su poesía se recoge en numerosas antologías y estudios como los realizados por Rosario Hiriart o Manuel Hernández Martínez, entre otros. Algo menos estudiada ha sido su narrativa. De 1945 es la redacción de su novela La moneda en el suelo (1951) que recibió el Premio Internacional de Primera Novela en el año 1950.

La moneda en el suelo se enmarca en la época de la posguerra española, momento en el que aparecen las llamadas novelas sociales. Combinan el tremendismo, el existencialismo y el realismo. Se caracterizan por la denuncia social reflejada en el gran personaje que es la sociedad. Se hace un testimonio indirecto y metafórico de la desesperanza existencialista que nos muestra Carlos, y que también posee brochazos de lo que posteriormente se llamará tremendismo.

La figura de Carlos Serón va evolucionando a lo largo de la obra y los sucesos que se van dando influyen en su personalidad, por lo que se pude decir que es un personaje complejo. En las primeras páginas de su diario nos cuenta su juventud, decidiendo saltarse su infancia por carecer de importancia. Habiendo decidido saltarse su infancia, Carlos nos narra los primeros momentos de su juventud y de su noviazgo con Julia. En esta etapa de su vida Carlos es un hombre soñador y con grandes metas en la vida. Gracias a la ayuda de su amigo Luis Arias obtiene una beca con la que se va a Argentina durante un año. Durante este viaje Carlos y Julia se escribían cartas a diario, los días pasaban y transcurrían con normalidad. Pero un día Carlos tiene un accidente automovilístico. El accidente es el punto de inflexión de la novela, el momento más trascendente e influyente en Carlos, y por tanto, también influye en su psicología y en la forma de narrar el resto de su vida. Tras el accidente Carlos se despierta en un hospital sin recordar que ha pasado y sin entender que hace allí. Carlos estará varios días en el hospital con las manos vendadas, y aunque se lo espera, no sabe a ciencia cierta que no podrá volver a tocar nunca más el violín. Los días en el hospital se hacen más amenos gracias a Magdalena, la enfermera que le cuida y le lee libros para que no se aburra. Los días juntos hacen que Carlos se olvide del problema de sus manos vendadas e incluso de su novia Julia, aunque más tarde se entera de que Julia se va a casar con otro hombre en España. Finalmente, los médicos deciden quitarle las vendas de sus manos y contarle a Carlos lo que le había sucedido y lo que esto iba a cambiar su día a día. De un instante a otro Carlos se había quedado sin las dos cosas en torno a las cuales giraba su vida, por un lado, Julia le había abandonado sin dar explicaciones, y por el otro, había acabado su carrera como violinista.

Los días que pasa con Magdalena sus dulces y maravillosos, ella le ayuda a rehacer su vida. Gracias a ella Carlos ve la luz al final del túnel. Acaban cansándose y Carlos consigue un trabajo como crítico musical. Este proceso no ha sido nada fácil, en un principio no quería volver a escuchar música porque le producía tristeza, pero gracias a Magdalena consigue superarlo. Le gusta esa vida monótona en la que Magdalena le ha sumergido, sin embargo, el trabajo como crítico musical no le satisface por completo, obviamente hay una frustración por criticar lo que a él le gustaría haber hecho, tocar el violín. Este trabajo lo realiza son ganas, sin relacionarse con su compañero, y con un comportamiento algo reacio. Esta faceta de Carlos es diferente a la que tiene cuando esta con Magdalena, con la que es más sociable y amable. Un día Magdalena sufre un parto prematuro y en cuanto Carlos se entera acude rápidamente a casa. Al verla en la cama pálida ya  punto de morir Carlos se da cuenta de lo que esta pérdida supone para él.

Y hasta aquí puedo leer, pues no quiero destriparos el final, pues es una novela muy interesante que recomiendo que os leáis. Sin ánimo de hacer un spoiler, me gustaría hacer un giño sobre el final, a ver si os termino de convencer de su lectura. Para mí, hace honor al título adjudicado por Gil. En el último momento Carlos debe tomar una decisión importante en su vida, esta decisión puede cambiar su futuro de forma radical, al igual que cambia tu suerte cuando tiras una moneda al aire, y en el momento que toca el suelo sabes si has ganado o has perdido la partida.

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Podemos ver en estas vivencias de Carlos Serón una serie de vaivenes que acaban llevándole a la autodestrucción, cada vez que intenta tomar buenas decisiones y alejarse de la mala suerte que le persigue acaba obteniendo el resultado contrario. Comienza siendo un joven violinista prometedor y con gran futuro, y acaba siendo un hombre frustrado y fracasado que no ha conseguido alcanzar ninguna de sus metas. Como vemos, la historia de Carlos Serón guarda muchas similitudes con la historia, ya comentada, sobre Gatsby:

https://palabrasenmascaradas.wordpress.com/2015/12/25/el-gran-gatsby/

Tanto Ildefonso-Manuel Gil como Fitzgerald vivieron una época difícil de posguerra que se vio reflejada en su literatura, ya sea la Guerra Mundial o la Guerra Civil española.Los dos protagonistas de dichas novelas, Carlos Serón y Gatsby, tienen un gran sueño, grandes metas para su vida. Ambos ven sus sueños truncados en cierto momento de la novela, el caso de Carlos Serón es mucho más traumático, la deformación de sus manos rompe en mil pedazos su sueño. No solo pasa por una frustración de su sueño de ser violinista sino que tampoco acaba teniendo un buen trabajo. El caso de Gatby es igual de frustrante, su vida como magnate acaba resultando una farsa descubierta por todos y carga con las culpas de un accidente de coche del que no era culpable. Del mismo modo, ambos personajes pasan por una relación toxica que no lleva a ningún lado, Julia y Daisy son detonantes para que sus vidas vayan a peor.